Guitarra flamenca

El flamenco es un arte que encandila al mundo.

Cuando en el 2023 “Niña Pastori” recibió el Latin Grammy en Sevilla a mejor artista flamenca, rodeada de cantantes superventas, se refirió al flamenco como un estilo de música minoritario. Sin embargo, los artistas flamencos, sin recibir tantas descargas en Spotify como otros géneros musicales, viajan a cualquier rincón del planeta y llenan teatros. El flamenco continúa maravillando al mundo.

El cantaor José Mercé contó en una entrevista, que con 19 años, cuando no era conocido en España, trabajaba acompañando al cante a bailaores como Antonio Gades, le llamaron para ofrecer un espectáculo flamenco en Tokio. Eran los años 70. En su cuadro flamenco cantaba Chiquito de La Calzada, que aún no se dedicaba al humor. Cada noche llenaban el teatro. En una semana ganaban más dinero que en 6 meses acompañando a un guitarrista o a un bailaor reconocido. “En Japón hay una profunda afición por el flamenco, y un interés sorprendente por estudiarlo” – comenta el cantaor de Jerez. Es sorprendente como dos culturas tan distintas como la nipona y la española encuentren en el flamenco un punto de conexión. Hoy a José Mercé le continúan llamando para cantar en Tokio y en Pekín, y en Londres y en Nueva York.

En Nueva York, a finales de los años 60, el guitarrista flamenco Sabicas coincidió con Miles Davis, el trompetista que revolucionó el Jazz. Ambos músicos se admiraban. Tanto es así, que el trompetista afroamericano le recomendó a su amigo, el guitarrista de jazz  Joe Beck para que colaborara en el primer disco de fusión de flamenco y rock de la historia. “Rock Encounter”, editado en 1970, pero que venía fraguándose desde 1966.

Los gerentes de El Pañuelo, un tablao flamenco de Córdoba, dicen que el flamenco es más que una música. Es una manera de vivir donde la pasión se expande como si fuera una tormenta eléctrica. Emocionando de igual manera a aficionados locales, turistas nacionales y visitantes extranjeros. Como dijo Camarón, el flamenco es un sentimiento que no se puede explicar, solo sentir.

La vida de los flamencos.

El flamenco surge alrededor del siglo XVIII en el sur de España. Una región con un profundo poso cultural: la presencia de los árabes durante 700 años, la conexión con América y el aporte de la cultura gitana, que supo echar raíces en aquellas tierras, como en ninguna otra parte.

También es una región de profundos contrastes. De grandes desigualdades sociales. Donde el pueblo supo canalizar sus penas en aquella música mestiza, igual que aprendió a transmitir sus alegrías.

El cantaor flamenco convive con los jornaleros y les acompaña al campo si es menester, pero aspira a vivir de otra manera. Eran almas errantes que deambulaban por el país buscando un círculo flamenco donde cantar, un tablao sobre el que subirse o las fiestas de un señorito a las que animar, cantando sus penas.

Una forma de vida no muy diferente a la de los guitarristas de blues, que provenían de los campos de algodón del interior de Estados Unidos, o a la de los trovadores de Son Cubano que llegaban a La Habana procedente de las plantaciones de caña del sur de la isla.

Hoy la vida del flamenco no ha cambiado tanto. Muchos clanes de gitanos flamencos simultanean la venta ambulante o los negocios con antigüedades con el cante y el baile. Es una vida dura, no nos vamos a engañar. Algunos de ellos tienen que dedicarse a otras cosas para poder sobrevivir, pero todos ellos aspiran a vivir de su arte, que es lo que de verdad les mueve y lo que mejor saben hacer.

Cuando el flamenco estremeció al mundo de la cultura.

A principios del siglo XX, lo mejor de la cultura española cayó rendido al flamenco. Se sabe que el poeta Federico García Lorca y el compositor Manuel de Falla eran grandes admiradores de esta música. Una expresión cultural que provenía de las entrañas del pueblo, de los sectores más empobrecidos y marginados. Y supieron descubrir en esa cultura una carga de profundidad impactante.

Lorca y Falla contribuyeron a sacar el flamenco de los arrabales, a popularizarlo por el mundo y a subirlo a los altos estratos de la cultura, que era el lugar que por derecho le correspondía.

Como cuenta el periódico El Mundo, Federico García Lorca y Manuel de Falla fueron, además, impulsores del Concurso de Cante Jondo que se celebró en Granada en 1922. Un escaparate donde sacar a relucir el arte que se respiraba en barrios como el Albaicín, en las inmediaciones de la Alhambra, o en las cuevas del Sacromonte, donde vivían los gitanos. Un medio con el que poder descubrir nuevos talentos. El primer premio del certamen, que contaba con una dotación de 1.000 pesetas de la época, se lo llevaron el Tenazas de Morón, que se dice que llegó andando desde Puente Genil a Granada para participar en el concurso, y un niño de 13 años llamado Manolito Ortega, que años más tarde pasaría a ser conocido como Manolo Caracol.

El evento que impulsaron Lorca y Falla, contó con el apoyo del guitarrista clásico Andrés Segovia, del pintor Ignacio Zuloaga, de los escritores Ramón Gómez de la Serna y Ramón Pérez de Ayala, y del pedagogo Fernando de los Ríos, impulsor de la Institución Libre de Enseñanza. Algunos de los referentes más destacados del panorama cultural español de la época.

Aquel certamen, que por desgracia no tuvo continuidad, debido a la oposición que encontró por el camino, fue el precedente de otros certámenes insignes de flamenco, como el Festival de las Minas de la Unión, en el campo de Cartagena.

El flamenco deslumbra al rock.

El flamenco causa admiración entre los músicos, por la energía y sentimiento que transmite. Un género donde provoca una sensación bastante particular es en el rock. El guitarrista Keith Richards de los Rolling Stones y Eric Clapton han manifestado en varias ocasiones su fascinación por el flamenco. Clapton expresó en una ocasión que era un gran admirador de Paco de Lucía. El cantante canadiense Bryan Adams no cesó en su empeño hasta que logró la colaboración de Paco de Lucía para uno de sus discos en los años 90.

Jimi Hendrix llamó a su última banda The Band of Gipsys, la banda de los gitanos. Lo hizo en homenaje a Django Reinhardt, el guitarrista de jazz de origen gitano que influenció a Hendrix en sus últimos años de carrera, pero también por el deslumbramiento  que causaba en el músico de Seattle ver un cuadro flamenco actuando por bulerías.

La fascinación entre el rock y el flamenco es mutua. En los años 60, cuando los músicos flamencos iban a tocar a Estados Unidos, regresaban a su casa, cargados de discos. Estos discos de rock, blues y Rhythm and Blues influyeron en la siguiente generación. En la serie documental “El Ángel” editada por TVE en los años 80, que hablaba sobre figuras y sagas flamencas, en un capítulo dedicado a Pata Negra, mientras los mayores de la familia Amador se reunían en la calle a cantar por bulerías, los más jóvenes escuchaban casetes s Jimi Hendrix e intentaban copiar sus solos con guitarras flamencas.

El nuevo flamenco nace en un tablao.

Unas de estas sagas que tocaban en EE.UU. en los años 60 y cuyos hijos renovarían el flamenco eran los sorderas y los habichuelas. Dos clanes gitanos rivales, cuyos hijos coincidirían en los años 80 en un tablao de Madrid y que darían lugar a uno de los grupos flamencos más influyentes de los últimos 40 años: Ketama.

Los Ketama nacen en 1983 en el tablao “Los Canasteros”, en plena efervescencia de la Movida Madrileña. En este tablao tocaban tres jóvenes músicos: Juan José Carmona, “El Camborrio”, del clan de los Habichuelas; José Soto “Sorderita”; de los Sorderas y Ray Herida, hijo del bailaor Josele. A estos músicos se les unió, en un principio como refuerzo, Antonio Carmona, hermano del Camborrio, tocando el cajón flamenco. Con el tiempo, Antonio se convertiría en el cantante del grupo.

Ketama no es un producto de “Los Canasteros”. Los jóvenes tocaban en el tablao los palos tradicionales. Luego quedaban a la salida del trabajo para dar rienda suelta a su creatividad, mezclando el flamenco con otras músicas que les habían influenciado. En este caso, no tanto el rock. Antonio Carmona ha mencionado en varias ocasiones a Prince y Ray Charles como algunas de sus influencias, pero en la carrera de Ketama vemos un sinfín de matices sonoros: ritmos latinos, africanos, jazz, pop, etc.

La juventud gitana, como todos los jóvenes españoles de los años 80, sentían una necesidad irrefrenable de expresarse y de crear lenguajes nuevos, después de 40 de dictadura.

Ketama poco a poco se fue reconfigurando. El primer integrante en dejar el grupo fue Ray Heredia, y unos años más tarde le seguiría el Sorderita. Hasta que el conjunto terminó convirtiéndose en el grupo de los hermanos Carmona y su primo Josemi.

Su influencia en la cultura popular y en como entendemos la música actual ha sido decisiva.

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