Puede venir de serie o aparecer de repente en tu vida. Un día la leche se convierte en tu enemiga, el queso deja de hacer que quieras repetir o las natillas te producen molestias insospechadas. Ese malestar se produce cuando tomas leche, comes queso o te animas con un helado y, aunque se trata de unos síntomas leves y transitorios, son molestos e interfieren en la calidad de vida. Al sentir molestias tras la ingesta de cualquier producto lácteo, se puede estar experimentando intolerancia a la lactosa, una condición digestiva bastante habitual que afecta a millones de personas en todo el mundo.
Como decimos, los síntomas suelen ser leves y transitorios, pero resultan molestos e incómodos, lo que puede interferir directamente en la calidad de vida. Conocer los síntomas que produce la intolerancia a la lactosa y cómo varían en función de la edad ayuda a identificar si la padeces, por lo que vamos a proporcionar toda la información necesaria sobre la lactosa y su intolerancia. Si te identificas con algo de lo que vamos a contar o conoces a alguien que lo sufra, lo mejor es acudir al médico y tomar las medidas necesarias.
La lactosa es un tipo de azúcar que se encuentra presente en la leche y los productos lácteos. Para que el intestino delgado la absorba, tiene que descomponerse en azúcares más simples como la glucosa y la galactosa, por la acción de la enzima lactasa. Lo que les sucede a las personas que padecen intolerancia a la lactosa es que no producen la lactasa suficiente, por lo que la lactosa no digerida llega al intestino grueso, donde fermenta de la mano de las bacterias intestinales. Esta fermentación produce gases y otros subproductos que son los que originan los síntomas que caracterizan la intolerancia.
Síntomas que varían con la edad
Quienes padecen intolerancia a la lactosa suelen presentar los síntomas entre los treinta minutos y las dos horas tras la ingesta de los alimentos que la contienen. En la Farmacia Ramón Ventura, velan por mejorar la calidad de vida de sus clientes ofreciendo los mejores consejos profesionales y atendiendo todas y cada una de sus inquietudes, incluyendo la intolerancia a la lactosa, para la que realizan análisis. Ellos mismos nos explican que la gravedad de los síntomas varía de una persona a otra; depende de la cantidad de lactosa que se ingiere y de la capacidad que presente cada persona para digerirla. Algunas personas pueden ingerir pequeñas cantidades de productos lácteos sin padecer molestias, presentando síntomas solo cuando la cantidad ingerida es mayor. En cambio, otras personas experimentan los síntomas incluso cuando ingieren una pequeña cantidad.
Dentro de los síntomas más comunes que presenta la intolerancia a la lactosa encontramos:
- Dolor abdominal cuya intensidad varía desde una incomodidad leve hasta un fuerte dolor tipo cólico.
- Hinchazón abdominal, con sensación de plenitud y distensión abdominal por la acumulación de gases.
- Gases, debido al aumento de la producción de gases intestinales, generando flatulencia y eructos.
- Las heces se pueden volver blandas, acuosas y frecuentes.
- Náuseas y vómitos. Menos común, puede producirse cuando la intolerancia es severa.
Cabe señalar que estos síntomas no son exclusivos de la intolerancia a la lactosa y pueden producirse a consecuencia de otras afecciones digestivas, por lo que, en el caso de experimentar estos síntomas de forma recurrente, es fundamental consultar con el médico para que proporcione el diagnóstico adecuado.
Esta intolerancia se puede presentar a cualquier edad y los síntomas pueden variar en función de la etapa de la vida en la que nos encontremos. Veamos los síntomas específicos en los bebés, los niños y los adultos, además de las diferencias con otras afecciones relacionadas con la ingesta de lácteos.
La intolerancia a la lactosa en los bebés es poco frecuente. Los síntomas suelen aparecer en los primeros días o semanas de vida y pueden ser un llanto excesivo e irritabilidad tras cada toma, mostrando malestar abdominal durante o después de alimentarse con leche materna o con lactosa. Tiene diarrea o heces explosivas, acuosas, espumosas y de olor agrio, además de perder peso o no ganar la cantidad que corresponde, debido a la mala absorción de los nutrientes.
En los niños y en los adultos, la intolerancia a la lactosa se desarrolla de forma gradual a medida que la producción de lactasa disminuye. Cuando los niños reemplazan la leche por otros alimentos, disminuye la producción de lactasa y los síntomas que se producen son dolor abdominal, hinchazón, gases, diarrea y, en ocasiones, náuseas. La intensidad varía en cada persona.
Conviene destacar que la intolerancia a la lactosa no tiene que confundirse con la alergia a la leche o los derivados lácteos. Las alergias son reacciones inmunitarias que se producen cuando el organismo percibe las proteínas de la leche de la vaca como una amenaza, provocando síntomas como la urticaria, vómitos, sibilancias y dificultad para respirar. Esta patología es más común en los niños pequeños y requiere de una atención médica más especializada.
Cómo saber si se tiene intolerancia
Ahora que conocemos los síntomas que produce la intolerancia a la lactosa, nos damos cuenta de que se trata de unos síntomas que pueden producirse debido a muchas causas diferentes y, por esa misma razón, es importante contar con un diagnóstico preciso. Conocer las causas de nuestro malestar puede marcar la diferencia a la hora de dejar de sufrir las consecuencias que produce. No es lo mismo presentar alguno de estos síntomas de forma puntual por haber comido algo que nos ha sentado mal que sufrirlos de forma continua cada vez que ingerimos un derivado lácteo o un vaso de leche.
Para diagnosticar la intolerancia a la lactosa, los médicos se basan en la historia clínica del paciente, un examen físico y la realización de pruebas específicas que confirman la existencia de alguna dificultad para la digestión de la lactosa. Las pruebas más comunes son:
- Prueba de tolerancia a la lactosa. Se administra una dosis de lactosa al paciente y se miden los niveles de glucosa en la sangre a intervalos regulares. Si los niveles no aumentan como cabe esperar, puede ser un indicativo de que existe intolerancia a la lactosa.
- Prueba de hidrógeno en el aliento. Se mide la cantidad de hidrógeno en el aliento del paciente tras la ingesta de lactosa. Un aumento de sus niveles puede señalar intolerancia a la lactosa.
- Biopsia del intestino delgado. En determinados casos, puede ser necesario que se lleve a cabo una biopsia que mida la actividad de la lactasa en el intestino delgado. Esta prueba es la que menos se utiliza y se reserva para aquellos casos en los que las otras pruebas no resultan concluyentes.
El tratamiento principal para las personas que padecen intolerancia a la lactosa consiste en la reducción o eliminación del consumo de los alimentos que contienen lactosa. Para hacerlo, se pueden llevar a cabo algunas estrategias como las que exponemos a continuación:
- Elegir productos lácteos sin lactosa. En el mercado existen productos como la leche, el yogur y los quesos sin lactosa, que se pueden consumir sin que produzcan síntomas. Estos productos mantienen su sabor y los nutrientes de los lácteos tradicionales, pero sin la lactosa entre ellos.
- Consumir productos lácteos fermentados como el yogur o el kéfir, que contienen bacterias que ayudan a que la lactosa sea digerida, por lo que presentan una mejor tolerancia.
- Tomar suplementos de lactasa, en forma de comprimidos o gotas, antes de consumir algún alimento que contenga lactosa, ayudando a su digestión.
Vivir con intolerancia a la lactosa requiere que se lleven a cabo ajustes en la dieta y el estilo de vida. Contando con la información y los conocimientos necesarios, es posible llevar una vida sin complicaciones. Leer las etiquetas de los alimentos es esencial, ya que la lactosa se encuentra en muchos alimentos procesados. Poner atención en los ingredientes permite identificar si el producto contiene lactosa y evitar las molestias que produce su ingesta. Buscar una alternativa a los productos lácteos es otra manera de evitar complicaciones. Existen muchas opciones vegetales para sustituir la leche y otros productos lácteos, como la leche de almendras, soja o avena. Estas opciones son fáciles de encontrar y ofrecen una amplia variedad de sabores.
Informar a los familiares y amigos es importante, ya que si saben que padeces intolerancia a la lactosa, puede ayudar a evitar los alimentos que la tienen y a ser más comprensivos a la hora de adaptar las comidas.
No hay que tener miedo a experimentar; cada persona es diferente y lo que para una funciona, para otra puede no hacerlo. Probar diferentes alimentos y estrategias para encontrar lo que mejor se adapta a cada uno es lo ideal. Probar alternativas lácteas y ajustar la dieta permite descubrir los alimentos que hacen sentir mejor.
Un buen diagnóstico hecho de forma temprana y un plan de alimentación adecuado pueden marcar la calidad de vida de las personas que padecen intolerancia a la lactosa. Experimentar los síntomas mencionados cuando se consumen productos lácteos requiere visitar al médico para saber si se trata de intolerancia y ponerse manos a la obra para evitar las molestias que produce.

